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La Constitución no es reflejo de los ideales de nadie, sino el marco de convivencia colectivo de muchos. Por mucha Carta Magna que reescribamos y mejoremos, si no estamos para hacerla valer, ... para ejercitar y exigir nuestros derechos,... Para eso no hace falta otra Constitución, lo que hace falta es reivindicar la existente. Dado su desconocimiento, honrarla es recordar sus contenidos más importantes: encanarias.info/posts/82bdec30

La Constitución se centra en el respeto al individuo: la dignidad de la persona y a los derechos inviolables que le son inherentes, del artículo 10, y en consonancia impone un sistema de garantías para que no pueda usarse el Estado frente a la persona, muy especialmente la configuración del Estado como un estado de Derecho (artículo 1, cabecera de la norma Suprema). boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A

El estado (social y democrático) de derecho que preside la Constitución (art. 1) quiere decir que el poder del estado se somete a la ley. Garantía de que no actúa por capricho (p.ej. de un policía que detiene a un presunto delincuente), sino cuestiones objetivas valorables posteriormente (se trata con presunción de inocencia). Lo que se salte estas garantías es nulo. Perseguir con la fuerza del estado de derecho es perseguir con razón y procedimientos justos.

El modelo constitucional funciona sobre el presupuesto de que la gente participe en los partidos políticos, que “expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. Hoy, aunque la política está en auge, los partidos siguen sin expresar la voluntad ciudadana, siendo instrumentos de propaganda al servicio de sus dirigentes.

La representación de una voluntad democraticamente expresada es lo que nuestra Constitución busca de los “cabeza de cartel” que sean menos dirigentes y más representantes de la voluntad de sus militantes. Eso era posible cuando irse a tomar un café o una cerveza a la agrupación no resultaba raro (y era posible). Cuando los partidos representaban el pulso de la sociedad.

En la Constitución son derechos fundamentales la vida digna, la libertad ideológica y física, el honor e intimidad personal, el secreto de las comunicaciones, la libertad de expresión, o el recibir una educación que fomente “el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”, es decir, a crear ciudadanos tolerantes, lo contrario de lo que se hce. ¿Qué culpa tiene la Consticion?

Además de todos estos derechos, la Constitución establece unos “principios rectores de la política social y económica”, se trata de políticas marcadas desde la Constitución. No es necesario gobernar para exigirlas, para impugnar recortes sociales prohibidos por la Constitución. Cuando el legislador retrocede en la protección de esos principios, está realizando una actuación contraria a la cláusula de progreso (art 9.2).

La Constitución garantiza la función social de la propiedad (artículo 33.2) que ha permitido impulsar importantes reformas económicas poniendo a producir tierras que sus propietarios tenían baldías: los bienes son para producir, para generar riqueza para todos, y si el propietario no lo hace, podrá obligarle el Estado (así pasó y pasa con las leyes de reforma agraria andaluza y extremeña).

La Constitución garantiza un sistema fiscal basado en los principios de igualdad y progresividad sin que tenga nunca alcance confiscatorio (artículo 31). Abundar en la progresividad y en impedir el alcance confiscatorio que en ocasiones puede tener algún tributo (tal es la polémica actual con el IBI, por ejemplo)

Por mucho que la Constitución lo desee, es cosa de todos que los partidos concurran “a la formación y manifestación de la voluntad popular”. El cierto relanzamiento de la política arroja algunas esperanzas. Sin embargo, por mucha Carta Magna que reescribamos y mejoremos, si no estamos para hacerla valer, será papel mojado.

Tenemos una buena Constitución. No sólo en términos de progreso social, de redistribución de riqueza, de modelo económico de mercado fuertemente socializado, de garantías de derechos; lo es porque probablemente representa mejor que las tendencias de ningún partido la base sociológica de la sociedad española. Con todo, es por suerte un buen marco de convivencia.

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